jueves, 13 de mayo de 2010

¿Por qué ha de tener razón la mayoría?



Sólo una minoría está capacitada para hacer descubrimientos científicos. Sólo una pequeña parte de la gente sabe de leyes. Sólo un porcentaje mínimo es capaz de inventar. Genios, en la historia, ha habido muy pocos y, casi siempre, han revolucionado la materia sobre la que estudiaran a base de llevar la contraria a la gran mayoría. Los grandes descubrimientos científicos, por ejemplo, hasta que han sido reconocidos, han contado en general con la desaprobación de toda la comunidad científica; éstos que se supone que saben de qué hablan. ¿Qué habría pasado si, cuando Einstein formuló la Teoría de la Relatividad, se hubiera expuesto a referéndum? ¿Por qué, entonces, se exponen a referéndum cuestiones tan importantes como elegir a los dirigentes de una nación? ¿Por qué no buscar una forma de encontrar a los mejores, a los más honrados, a los más capacitados para desempeñar tareas tan trascendentales? ¿Por qué dejar esa relevante decisión en manos de la mayoría de la gente, de la masa, la cual ya sabemos que cuanto más ignorante es, más fácilmente maleable es?




Tres países democráticos le han declarado la guerra a un país pobre. La mayoría ha decidido matar hombres, mujeres y niños; esa mayoría ignorante y egoísta que desconoce el Derecho Romano y la Teoría de la Relatividad; esa misma mayoría que hace muchos años creía que la Tierra era plana; esa mayoría con un cielo a medida, construido especialmente para ellos, y un infierno para sus enemigos y para los que piensan de diferente modo.

 
 
El viaje íntimo de la locura (Roberto Iniesta)

lunes, 10 de mayo de 2010

camarero...una de tenedores



- ¿Eso es un tenedor?
- Sí.
- ¿Por qué llevas un tenedor en la muñeca?
- Y...¿por qué no?
- No sé, no es muy normal, nadie suele llevarlo.
- Nunca he creído ser muy normal, pero tampoco me definiría como nadie.
- Estás fatal.
- Gracias.







¿Qué es lo normal? ¿Quién marca los limites de lo anormal?
¿Cómo se evalua cuantitativamente tal cualidad?


    
¿Subjetivismo a granel?

domingo, 9 de mayo de 2010

Sopelana

Imposible olvidar tal horizonte gris, iluminado, una tarde de lluvia. El viento no frena su fuerza, mientras varios surfistas luchan por domar olas eternas e incansables.




El cristal se empaña, todo huele a café, más el sabor del vicio llega hasta mí. Unos acordes de rock golpean rítmicamente tabiques de madera.
Desempaño el cristal con mi mano, las gotas de agua juegan por mis dedos hasta que se evaporan de nuevo.


Desde este lugar situado sobre la playa puedo observar cada pisada borrada por el mar, eliminando todo rastro humano…reina impunemente lo natural.


Salgo fuera, la lluvia me empapa, el aire me despeina haciendo bailar mi pelo, noto mi nariz enfriándose y cómo la furia de la ventisca me arrastra.


Sólo quiero contemplar Sopelana, guardar su imagen en mi retina, para imaginarla con pinceladas idealistas cada mañana.



                              Playa de sopelana (Vizcaya)