lunes, 29 de noviembre de 2010

15 segundos por favor

Dicen que sólo bastan 15 segundos para decidir si una persona nos cae bien o no. ¿Por qué? ¿Por qué el ser humano es tan cuadriculado? Puede haber una explicación fisiológica ¿o no? Lo cierto es que la predisposición y los innumerables prejuicios que vamos adquiriendo con el tiempo, aunque parezcan innatos, nos hacen cada día más estúpidos.
Somos capaces de eliminar de nuestra existencia a una persona por 15 segundos, sin darle la oportunidad o el beneficio de la duda. Una mueca, una mirada, un gesto, una apariencia o una palabra  nos determinan.
Huimos de nosotros mismos, nos la jugamos como si fuéramos nuestro peor enemigo y nos cerramos puertas; confiamos más en las opiniones ajenas de los demás que en nuestra propia experiencia. Así somos, pero cuando ésto se vuelve contra nosotros y nos toca ser los rechazados reivindicamos, aunque sea, 15 segundos más. No aprendemos.




Regalo 15 segundos para mi aceptación/rechazo social









Creando mi lista de cosas que quiero hacer antes de morir
Estado: 36
Objetivo: llegar a las 100 o al menos...aproximarme

viernes, 26 de noviembre de 2010

[...] Pero la vida no es como uno quiere sino como es. Los chinos dicen que hay que ser como unos juncos, que se doblan cuando les azota el viento pero no se rompen y continúan de pie.
- Y usted es como un junco.
- No tengo más remedio, no puedo ni quiero dejar de creer en lo que creo. [...]

La sangre de los inocentes (Julia Navarro)





Audio:     Tu y yo (Transfer)

miércoles, 17 de noviembre de 2010

El instinto vital. La lucha por la existencia. Intelecto y voluntad. El querer vivir como fundamento último de la existencia.


Schopenhauer.

lunes, 15 de noviembre de 2010


El potencial de conducta viene determinado por el valor intrínseco que el sujeto otorga a la recompensa esperada, y a la expectativa de alcanzar realmente dicha recompensa.



Teoría de Rotter de expectativas y evaluación




Tarde-noche de estudio 

sábado, 13 de noviembre de 2010

                                          
                                                  



Dice que entre amores nunca se ha caído de pie 
que se descuida y se vuelve a caer....


                                                                                   Marea (¿?) sí Marea

martes, 2 de noviembre de 2010

Cuando necesitas escribir, lo haces en cualquier sitio.



Día gris y frío en Madrid, mi ipod ha decidido que empiece la mañana con Lonely day. En el metro todo son caras largas, de sueño,tristes, ¿tal vez amargadas por la cotidanieidad de sus vidas? 
Se puede palpar el pico más alto de la cresta del inframundo, allí donde todo va rápido, 3 min, no hay tiempo ni para una sonrisa caprichosa. 
El tren efectuará su parada. No da tiempo. Pero tu decides jugar a un juego. Se llama "sonríe que tienes boca". 

Te dedicas a esbozar una sonrisa a cada persona que cruza su mirada con la tuya. Un señor, trajeado te ve pero te ignora, tal vez demasiado trabajo y estrés en su cabeza.
Te das cuenta de que un chico joven te mira desde el fondo del vagón y continua el juego, pero él, ruborizado aparta rápidamente la vista  y la deja perdida en el suelo.
Tú, deseosa de que funcione, buscas un nuevo objetivo. En ese momento, en Antón Martín, entra una mujer empujando como puede el carrito con su bebé. Lo miras, sonríes e instantáneamente te devuelve una preciosa sonrisa que deja ver dos diminutos dientes. El niño comienza a juguetear con sus manos mientras no sólo te sonríe con su boca, sino que sus ojos rebosan alegría. 

Llegas a tu parada, abandonas esa dulce mueca infantil y como no, transbordo. De nuevo, prisas, caras largas y nueva espera...2 min que terminan siendo 1.
Entras en el vagón y te sientas (algo poco inusual) enfrente de una mujer. Tiene la cara arrugada, llena de pliegues, el paso del tiempo deja huella y me gusta. Odio esas caras estiradas, inexpresivas e IMperfectas resultado de las manos de los nuevos "Miguel Ángel" y sus intentos absurdos de Davides. 
Tiene unos ojos pequeños pero intensamente azules, penetrantes, mientras miles de patas de gallo se acomodan alrededor.
Su largo pelo canoso anudado en una trenza que recorre su cuello alcanzando su cintura. Me pregunto cuantas cosas habrá vivido y me quedo con las ganas de entablar una conversación pero temo ser entrometida.
Finalmente decido sonreír, esta vez sin acordarme de mi propósito lúdico, sinceramente me apetece sonreír a esa mujer.

Su respuesta no se hace esperar al igual que la del bebé. Realizó una mueca que reordenó las arrugas faciales haciéndolas atractivamente curiosas a la par que divertidas.
Sus ojos se encendieron, el azul me impactó, me sorprendió. 
Bajé del metro, había llegado. Me paré a pensar.
Sólo el bebé y la anciana me devolvieron la sonrisa. Una sonrisa.
¿Sólo sonreímos en los comienzos y en los finales de nuestra vida? ¿Sólo somos felices entonces? ¿Y mientras tanto? Sé que una sonrisa no es sinónimo de felicidad, pero el lenguaje no verbal dice mucho de una persona, y más de su estado de ánimo. Es algo que he aprendido con el tiempo.

Demasiada prisa, estrés, actividad, objetivos, problemas... 
no es excusa. 
Sonrían, aún es gratis.