lunes, 28 de marzo de 2011

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Horas y minutos, monólogos, risas, complicidad, cama, dolor de garganta. Seminarios a los que no se asiste, hora que nos quitan sin más. Cenas inexistentes, comidas varias, almohadas que tratan de acallar gritos, sábanas húmedas. Películas interrumpidas, tontería a granel.





___________Mis calzones




viernes, 18 de marzo de 2011

Bisexualidad




Confieso que he tenido la suerte, o la desgracia, de amar casi hasta los límites de la desesperación a dos seres absolutamente excepcionales.
Un hombre que me hizo sentirme mujer, y una mujer que catapultó mi feminidad hasta los límites del universo.

Recuerdo que cuando Sebastián me hacía el amor, su inmenso pene, fuerte y rígido, me penetraba hasta las mismísimas entrañas y me obligaba a estremecerme, y acababa por provocarme un violento orgasmo que me dejaba agotada y satisfecha.
Entonces murmuraba algo ininteligible y se quedaba dormido.

Pero también recuerdo que cuando Laura me hacía el amor, su lengua, rosada, tibia y húmeda recorría el interior de mi cuerpo como un ser dotado de vida propia, con un conocimiento tan profundo de cada íntimo rincón de mi ser, que los orgasmos se sucedían sin que nunca consiguiera determinar dónde y cuándo acababa uno y empezaba el siguiente, de forma que jamás me agotaba y, por muy satisfecha que me sintiera, el simple hecho de que me rozara o me susurrara una frase de amor al oído me excitaba de nuevo.
Y ella nunca se quedaba dormida.

Su capacidad de hacerme gozar hasta temer que moriría de placer entre sus brazos sin importarme acabar de tan maravillosa manera, jamás alcanzó límite alguno.

A menudo, cuando como ahora rememoro aquellos lejanos tiempos en los que tantas cosas sorprendentes y poco comunes me sucedieron, me asalta una vez más la sensación de que Laura tan sólo vivía para hacerme feliz, porque era una de esas raras personas que únicamente disfrutan haciendo disfrutar a quien aman.
Era tan egoísta de mi amor que derrochaba toda su ilimitada generosidad en amarme, puesto que tanto más gozaba cuando más me veía gozar.

 La puerta del Pacífico (Alberto Vázquez Figueroa)


domingo, 6 de marzo de 2011

Salvaje

Saca el animal que llevas dentro, actúa por puro instinto, haz lo que quieras hacer, pero HAZLO.
Se quedará en nuestra pequeña burbuja, para nosotros.
Desnúdame con la mirada si te apetece, arrástrame hasta el baño más cercano, el callejón o el coche...
Arráncame la ropa por ser una barrera incómoda que sobra, muérdeme, aráñame, susúrrame al oído las guarradas más dulces que haya escuchado nunca. Fóllame. Sonríeme.
Se tú. Se yo. Seamos.